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John fue abandonado por sus padres por su aspecto físico. Una historia que ilustra el evangelio

Esaú Mejía es creador de varios medios y ministerios dedicados a promover una cosmovisión bíblica.

John Locaster, fue abandonado por sus padres en el momento de nacer. Cuando ellos vieron su aspecto físico decidieron abandonarlo de inmediato porque era muy “feo”. ¿Te puedes imaginar lo qué significa que tus padres te desprecien de esa manera? De seguro que muy pocos de nosotros podemos imaginarlo.

Antes de continuar con esta historia, me gustaría que veas el video a continuación y escuches al propio John, hablar de lo que Dios ha hecho con su vida ahora:


Quiero usar la historia de John Locaster, como una ilustración de la forma en cómo Dios nos mostró su amor y su gracia impresionante cuando todos nosotros nacimos con algo peor que la enfermedad de John. Esa enfermedad con la que nacimos se llama pecado.

El pecado para Dios no es solo feo, pero también despreciable. Un Dios Santo, aborrece el pecado.

Después de la caída del primer hombre, Adán, todos nosotros nacemos en pecado. “Éramos por naturaleza hijos de ira (Ef 2:2)”. Nacemos malos, corrompidos en todo nuestro ser. El pecado nos llevó a estar ”muertos en vuestros delitos y pecados (Ef 2:1)”. Todos nacimos condenados a muerte. Dios hizo el hombre a su imagen y semejanza, pero el pecado nos volvió horribles. Nuestro aspecto espiritual para Dios tenía un olor a podrido y muerte.

 

Las buenas noticias del evangelio

Nuestro aspecto espiritual lucia muy mal y despreciable. Pero, aquí viene la parte más hermosa, humillante pero a la vez gloriosa de nuestra historia. Tenemos un Dios tan grande, tan amoroso y lleno de gracia y compasión, que no hizo con nosotros como hicieron los padres de John con él.

John no merecía ese desprecio que le hicieron sus padres. Ningún hijo merece ser despreciado por su aspecto físico porque ninguno de nosotros poseemos la perfección física, además un bebe no escoge nacer así. En cambio nosotros si merecíamos toda la ira y aborrecimiento de Dios porque en Adán todos hemos  pecado y elegimos pecar.

Dios no nos abandonó cuando vio nuestro mal aspecto espiritual totalmente desfigurado por el pecado. Por el contrario fuimos nosotros quien le abandonamos (Rom 3:12

Esto es lo que dice la Palabra en Efesios 2, sobre nuestra condición:

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera eentre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,

aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)”.

Gloria a Dios. Esto es buena noticia, esto es una noticia de gozo y felicidad y esperanza. Nuestro Padre celestial no nos abandonó en el peor momento de nuestras vidas. Por el contrario al recibir a Cristo nos hizo nuevas criaturas (2 Cor 5:7). Restauró nuestro aspecto espiritual, regenerándonos a través del Espíritu Santo. Nos devolvió al diseño original (el cual sigue  en proceso hasta la glorificación de nuestros cuerpos). Nos ha dado vida eterna. Ya no nuestro aspecto espiritual no es horrible, sino que ahora somos llamados a parecernos a Cristo.

 

El Hijo sufrió nuestro abandono:

Quiero que entendamos la gravedad del pecado y que de verdad lo único que merecíamos de Dios era total abandono por nuestra horrible condición espiritual totalmente muerta en delitos.

Para entender esto, debemos ver a Cristo, sufriendo en la cruz en el abandono de su Padre. Cristo que no conoció pecado, por nosotros se hizo pecado (2 Cor 5:21) y fue en ese momento que exclamó: “DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO? (Mt 27:46)”. En ese momento el Padre vio en Su Hijo, el horrible aspecto espiritual que causa el pecado en el hombre y que ofende a Dios.

Fue la mediación exclusiva de Cristo y su sacrificio por nuestros pecados, que nos libró de ser abandonados por Dios por nuestra condición espiritual de desobediencia al Creador. Fue su amor, su elección, su voluntad e iniciativa, su misericordia, aun cuando nosotros le rechazamos. El Padre en su Hijo, nos amó con amor eterno.

Cristo sufrió lo peor que puede experimentar un hijo y es el abandono de su Padre. Pero el sufrimiento de Cristo fue aun peor que el de cualquier ser humano, porque Cristo es el Justo, el Perfecto, el Hijo Amado, él no merecía estar en nuestro lugar y sufrir nuestra muerte y abandono. Es por la justicia y obediencia perfectas de Cristo, que hoy en lugar de parecerle horribles a Dios, somos olor grato en Cristo.