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Era María Magdalena una prostituta? Un error que muchos repiten

Desde muy jovencito aprendí en las iglesias y con las enseñanzas de muchos predicadores que María Magdalena era una prostituta a la que Jesús perdonó. Hasta el día de hoy sigo escuchando esa errada afirmación en la boca de muchos cristianos aún dentro de las iglesias.


Inconscientemente hemos adoptado la errada afirmación histórica de que Maria Magdalena era una prostituta y hemos puesto a un lado la descripción que la Biblia nos proporciona sobre ella.

Qué dice la Biblia sobre María Magdalena:
– Jesús sacó fuera de ella 7 demonios (Luchas 8:2)
– Ella estaba presente cuando crucificaron a Jesús (Mateo 27:32-56)
– Ella estuvo presente cuando sepultaron a Jesús (Mateo 27:57-61)
– Ella, con otras dos mujeres, fueron para ungir al cuerpo de Jesús (Marcos 16:1)
– Ella fue la primera persona que vio a Jesús en su cuerpo resucitado (Juan 20:10-18).

Estas son las referencias estrictamente bíblicas sobre Maria Magdalena. Entonces cómo se originó la falsa historia de afirmar que ella era una prostituta:

1- Ya que el nombre de María Magdalena aparece inmediatamente después del pasaje bíblico donde se habla de una prostituta, algunos piensan que se trata de la misma mujer (Lea Lucas 7:36 a 8:2). No existe ninguna base bíblica para decir que se trata de la misma mujer.
2- James L. Garlow y Peter Jones (Autores de Descifremos el Código Da Vinci) escriben que “La mayoría de los historiadores concuerdan en que la referencia a María Magdalena como prostituta la empezó el papa Gregorio I en el siglo sexto.”
Fue la manipulación y el antojo de un papa que decidió que la mujer pecadora que aparece en Lucas 7:36 y la mujer que aparece Lucas 8:2 son las misma persona. La Biblia no dice eso.
3- Otros han sostenido que Maria Magdalena es la mujer anónima sorprendida en adulterio.
4- Otros estudiosos sostienen que ella debió haber sido prostituta porque venía de Magdala, localidad que se asociaba con la prostitución.
Como podemos ver todas las asociaciones que se le hace a Maria Magdalena como una prostituta carecen de base bíblica e histórica.

Si usted tiene más inquietudes sobre este u otro tema bíblico le recomiendo ampliar su conocimiento al respecto a través de la investigación para que nos apeguemos más a la Biblia.




  • Roiber Camacaro

    Concuerdo claramente con su Punto de análisis referente a este tema. Y apoyo mucho más la siguiente frase: “Si usted tiene más inquietudes sobre este u otro tema bíblico le
    recomiendo ampliar su conocimiento al respecto a través de la
    investigación para que nos apeguemos más a la Biblia”.

  • Antonio Flores

    ¿A qué se dedicaba María Magdalena antes de su encuentro con Jesús, es decir, antes de su conversión y de decidirse a seguir los mandamientos del Maestro? Para muchos cristianos, la pregunta es muy sencilla y tiene una respuesta casi obvia: María Magdalena era pecadora pública, prostituta. La tradición cristiana, y una abundante iconografía, corroboran esa respuesta.

    Sin embargo, si queremos apoyar esa afirmación en las Escrituras, nos llevaremos una sorpresa. En ningún lugar del evangelio dice que Magdalena fuera prostituta; ni siquiera que fuera pecadora… Entonces, ¿de dónde procede esa tradición, que todos conocemos?

    Para comenzar a responder a este interrogante, debemos referirnos a tres personajes bíblicos, que algunos identifican en una sola persona: María Magdalena, María la hermana de Lázaro y de Marta, y la pecadora anónima que unge los pies de Jesús.

    Tres personajes para una historia

    María Magdalena, así, con su nombre completo, aparece en varias escenas evangélicas. Ocupa el primer lugar entre las mujeres que acompañan a Jesús (Mt 27, 56; Mc 15, 47; Lc 8, 2); está presente durante la Pasión (Mc 15, 40) y al pie de la cruz con la Madre de Jesús (Jn 19, 25); observa cómo sepultan al Señor (Mc 15, 47); llega antes que Pedro y que Juan al sepulcro, en la mañana de la Pascua (Jn 20, 1-2); es la primera a quien se aparece Jesús resucitado (Mt 28, 1-10; Mc 16, 9; Jn 20, 14), aunque no lo reconoce y lo confunde con el hortelano (Jn 20, 15); es enviada a ser apóstol de los apóstoles (Jn 20, 18). Tanto Marcos como Lucas nos informan que Jesús había expulsado de ella «siete demonios». (Lc 8, 2; Mc 16, 9)

    María de Betania es la hermana de Marta y de Lázaro; aparece en el episodio de la resurrección de su hermano (Jn 11); derrama perfume sobre el Señor y le seca los pies con sus cabellos (Jn 11, 1; 12, 3); escucha al Señor sentada a sus pies y se lleva «la mejor parte» (Lc 10, 38-42) mientras su hermana trabaja.

    Finalmente, hay un tercer personaje, la pecadora anónima que unge los pies de Jesús (Lc 7, 36-50) en casa de Simón el Fariseo.

    Dos en una, tres en una

    No era difícil, leyendo todos estos fragmentos, establecer una relación entre la unción de la pecadora y la de María de Betania, es decir, suponer que se trata de una misma unción (aunque las circunstancias difieren), y por lo tanto de una misma persona.

    Por otra parte, los «siete demonios» de Magdalena podían significar un grave pecado del que Jesús la habría liberado. No hay que olvidar que Lucas presenta a María Magdalena (Lc 8, 1-2) a renglón seguido del relato de la pecadora arrepentida y perdonada (Lc 7, 36-50).

    San Juan, al presentar a los tres hermanos de Betania (Marta, María y Lázaro), dice que «María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos». El lector atento piensa: “Conozco a este personaje: es la pecadora de Lucas 7”. Además, en el mismo evangelio de Lucas, inmediatamente después del episodio de la unción, se nos presenta a María Magdalena, de la que habían salido «siete demonios». El lector ratifica su impresión: “María Magdalena es la pecadora que ungió a Jesús”. Y por último, en el mismo evangelio de San Lucas, pocos capítulos después (Lc 10), María, hermana de Marta, aparece escuchando al Señor sentada a sus pies. El lector concluye: “María Magdalena y esta María son una misma persona, la pecadora penitente y perdonada, que Juan también menciona por su nombre aclarándonos que vivía en Betania”.

    Pero esta conclusión no es necesaria porque no hay por qué relacionar a Juan con Lucas; los relatos difieren en varios detalles. Así, por ejemplo, la unción, según Lucas, tiene lugar en casa de Simón el Fariseo; su relato hace explícita referencia a los pecados de la mujer que unge a Jesús. Pero Mateo, Marcos y Juan, por su parte, hablan de la unción en Betania en casa de un tal Simón (Juan no aclara el nombre del dueño de casa, sólo señala que Marta servía y que Lázaro estaba presente), y mencionan el gesto hipócrita de Judas en relación con el precio del perfume, sin sugerir que la mujer fuese una pecadora. Sólo Juan nos ofrece el nombre de la mujer, que los demás no mencionan.

    los «siete demonios» no significan un gran número de pecados, sino -como lo aclara allí mismo Lucas- «espíritus malignos y enfermedades»; este significado es más conforme con el uso habitual en los evangelios.

    Dos teorías

    Los argumentos a favor de la identificación de los tres personajes, como vemos, son débiles. Sin embargo, tal identificación cuenta a su favor con una larga tradición, como se ha mencionado. Hay que decir también que los argumentos a favor de la distinción entre las tres mujeres tampoco son totalmente concluyentes. Es decir que ambas teorías cuentan con razones a favor y en contra, y de hecho, a lo largo de la historia, ambas interpretaciones han sido sostenidas por los exégetas: así, por ejemplo, los latinos estuvieron siempre más de acuerdo en identificar a las tres mujeres, y los griegos en distinguirlas.

    Una respuesta “oficial”

    A pesar de que ambas posturas cuentan con argumentos, hoy en día la Iglesia Católica se ha inclinado claramente por la distinción entre las tres mujeres. Concretamente, en los textos litúrgicos, ya no se hace ninguna referencia -como sí ocurría antes del Concilio- a los pecados de María Magdalena o a su condición de “penitente”, ni a las demás características que le provendrían de ser también María de Betania, hermana de Lázaro y de Marta. En efecto, la Iglesia ha considerado oportuno atenerse sólo a los datos seguros que ofrece el evangelio.

    Por ello, actualmente se considera que la identificación entre Magdalena, la pecadora y María es más bien una confusión “sin ningún fundamento”, como dice la nota al pie en Lc 7, 37 de “El Libro del Pueblo de Dios”. No hay dudas de que la Iglesia, a través de su Liturgia, ha optado por la distinción entre la Magdalena, María de Betania y la pecadora, de modo que hoy podemos asegurar que María Magdalena, por lo que nos cuenta la Escritura y por lo que nos afirma la Liturgia, no fue “pecadora pública”, “adúltera” ni “prostituta”, sino sólo seguidora de Cristo, de cuyo amor ardiente fue contagiada, para anunciar el gozo pascual a los mismos Apóstoles.